
Todos recordaremos las viejas leyendas que hablan de ardillas que cruzaban España de Norte a Sur, de árbol en árbol y sin tocar el suelo, de legionarios romanos que para conquistar el territorio, tenían que pelearse mas con las frondosas selvas que con los hispanos, de monjes de ermitas del medievo tratando de buscar su cueva en unos bosques que de tan espesos… lo ocultaban todo.

Sin embargo ahora, en la piel de toro la realidad es bien distinta… En muchos puntos de España la gente lucha a brazo partido para que sus bosques y sus árboles no sean devorados por el fuego… Éramos un país rico en frondosos bosques, guardianes de tierras fértiles, de parajes bellísimos, de rincones donde los colores y la fecundidad de la naturaleza bullía y ahora, sin embargo, la sombra de la amenaza de esas mismas tierras, desérticas, pobres y estériles, pende sobre todos nosotros.
Pero el peligro de desertificación no solamente esta en los incendios forestales. La destrucción forestal ocasionada con la construcción de cortafuegos y pistas forestales supera con creces el suelo quemado en decenios. Estas infraestructuras se sitúan en líneas de pendientes elevadas dejando amplias franjas de terreno a Merced de la erosión en cuanto las raíces de la vegetación arrancada dejan de sujetar el suelo. Ello acaba ocasionando graves pérdidas de suelo fértil y un empobrecimiento acusado de esos terrenos.
En época de crisis económica y austeridad, resulta extraño proyectar cortafuegos de dudosa eficacia ante grandes incendios, mientras se observa el abandono y la falta de gestión de las masas arboreas de montañas donde lo que mas urge es una prevención intensa de los incendios, evitando sus múltiples causas. Una adecuada gestión forestal con criterios de sostenibilidad ambiental. Numerosos técnicos de incendios dudan de la eficacia de los cortafuegos a la hora de frenar el avance de los Grandes Incendios Forestales (GIF) que se desarrollan en condiciones extremas de temperatura, humedad relativa y velocidad del viento y que pueden desarrollar focos secundarios mediante pavesas que salen “disparadas” cientos de metros.

Sin embargo ahora, en la piel de toro la realidad es bien distinta… En muchos puntos de España la gente lucha a brazo partido para que sus bosques y sus árboles no sean devorados por el fuego… Éramos un país rico en frondosos bosques, guardianes de tierras fértiles, de parajes bellísimos, de rincones donde los colores y la fecundidad de la naturaleza bullía y ahora, sin embargo, la sombra de la amenaza de esas mismas tierras, desérticas, pobres y estériles, pende sobre todos nosotros.
Pero el peligro de desertificación no solamente esta en los incendios forestales. La destrucción forestal ocasionada con la construcción de cortafuegos y pistas forestales supera con creces el suelo quemado en decenios. Estas infraestructuras se sitúan en líneas de pendientes elevadas dejando amplias franjas de terreno a Merced de la erosión en cuanto las raíces de la vegetación arrancada dejan de sujetar el suelo. Ello acaba ocasionando graves pérdidas de suelo fértil y un empobrecimiento acusado de esos terrenos.
En época de crisis económica y austeridad, resulta extraño proyectar cortafuegos de dudosa eficacia ante grandes incendios, mientras se observa el abandono y la falta de gestión de las masas arboreas de montañas donde lo que mas urge es una prevención intensa de los incendios, evitando sus múltiples causas. Una adecuada gestión forestal con criterios de sostenibilidad ambiental. Numerosos técnicos de incendios dudan de la eficacia de los cortafuegos a la hora de frenar el avance de los Grandes Incendios Forestales (GIF) que se desarrollan en condiciones extremas de temperatura, humedad relativa y velocidad del viento y que pueden desarrollar focos secundarios mediante pavesas que salen “disparadas” cientos de metros.
los incendios forestales son un grave problema ambiental al contribuir a la degradación del medio natural, especialmente cuando su extensión o su recurrencia es muy elevada. En relación con la extensión total quemada, anualmente y de forma global la cantidad de incendios forestales y de superficie quemada en el Estado español rebasa la capacidad de regeneración natural, por lo que sus consecuencias a medio y largo plazo resultan muy preocupantes.
Las condiciones climáticas en buena parte del Estado, agravadas por los cada vez más evidentes efectos del cambio climático, hacen más frecuentes y dañinos los incendios forestales.
Más de la mitad de los incendios forestales con causa conocida se deben al uso del fuego para limpiar los montes de matorral y proporcionar pastos y brotes frescos al ganado, así
como para eliminar los rastrojos y restos de podas de cultivos agrícolas. La secular permisividad y la falta de control sobre estas quemas, han favorecido que se encuentren entre las principales causas de incendios todos los años. En España, las principales causas de deforestación son los incendios forestales, pero también el desarrollo urbanístico descontrolado, la construcción de infraestructuras de transporte y la roturación de zonas forestales de sierra para cultivos, frutales, pastos, invernaderos, olivares... En la última década la superficie forestal se ha reducido en 250.783 hectáreas (una superficie similar a la provincia de Vizcaya) en el Estado español y en los últimos 7 años más de 1 millón de has. se han visto afectadas por los incendios forestales, una superficie similar a la Comunidad Foral de Navarra.
Otra práctica enormemente perjudicial para la conservación del suelo es el excesivo laboreo realizado con potente maquinaria agrícola en zonas destinadas a cultivos. Estas prácticas deberían sustituirse por técnicas menos agresivas para el medio ambiente en general, y para el suelo en particular. La conversión a una agricultura de conservación, integrada o biológica, implicaría la adopción de una serie de técnicas (cultivos en bandas, acolchado del suelo con siembras de forrajeras, construcción de cortavientos, rotación de cultivos, gestión adecuada del agua, etc.), que ayudaría a reducir el impacto y el avance de la desertificación en el Estado español.
Una práctica extendida en la agricultura actual y responsable de la degradación del suelo, es el uso y abuso de los fertilizantes y plaguicidas. El consumo de fertilizantes minerales en el Estado español se ha incrementado en más del doble en los últimos 40 años. Este aumento en toneladas suponía un consumo de casi 2.300.000 toneladas a finales de los noventa. Además de la contaminación de las aguas subterráneas, el uso de productos químicos ha provocado modificaciones físicas, químicas y biológicas en el suelo que ha supuesto una reducción en la capacidad productiva.
Son muchos, cada vez mas, los intereses creados que como una invisible y letal telaraña atrapa la fertil riqueza de nuestro medio ambiente para ponerla a merced de infinidad de picaros, egoístas y carroñeros que sin escrúpulo alguno no tienen ni el mas mínimo pudor en obtener pingues beneficios a costa de una naturaleza que es de todos, que esta ahí para salvaguardar la vida y la esperanza. Imposible que las generaciones futuras se sientan libres y disfrutando un saludable bienestar cuando cuando ahora son tantos los gañanes o chalanes que tratan a nuestra tierra como si fuera una paloma en manos de halcones o buitres . Que todo aquel que siente mas respeto por sus intereses que por el medio ambiente no olvide que la naturaleza… Siempre pasa factura
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