
Hace algunos días me eche a los ojos una de esas viejas películas del Oeste hechas en los años 60 y 70. Hechas, en su mayor parte, en los desérticos predios de Almería. Tierras aquellas, sureñas y calidas, que como todos sabemos, tienen un gran parecido con los lejanos territorios del suroeste de Norteamérica.
En aquellas películas se contaban historias indómitas sobre gentes indómitas y se narraban en un escenario que de indómito… No tiene nada, mal que me pese decirlo. A lo largo de los siglos, de los años y de las generaciones, las tierras de Almería y de tantos lugares como ese han ido degradándose y desapareciendo, han ido siendo sojuzgados, domados, humillados, deforestados, devastados… Hasta extremos inconcebibles, a causa de la codicia y la soberbia humana… Y luego la lluvia, los vientos, las temperaturas extremas, la erosión, la fuerza del agua que todo se lo lleva si no hay nada que lo impida… Acabaron con extensos y fértiles mantos de tierra española y con todo esos vivos y luminosos colores sobre la hierba, que lo vivificaban todo sobre la negra y fértil alfombra de la naturaleza… Llevada, arrastrada a ninguna parte. Allí donde antes había tanta vida solo quedo un desolado y estéril paisaje, ideal para hacer “pelis” del Oeste.
Quizás a algunas mentes “prevelegiadas” mas susceptibles y estiradas que la gola de

No es menos grave el hecho de perder a causa de de los incendios, las talas abusivas, la contaminación, las plagas, la excesiva aparición de espacios urbanos en detrimento de espacios y zonas verdes, como la insuficiente o nula reforestación de bosques arrasados por el fuego… Como esa pasividad que se vuelve muerte al no reforestar proporcionalmente a lo que ha desaparecido. En el fondo es una sencilla regla de logística: Reemplazar todo lo perdido por lo absolutamente necesario. Norma por cierto, empleada en las buenas explotaciones madereras. Es sencillo, volver a plantar cada árbol incendiado o talado de modo incuestionable, considerando que es un elemento esencial para el perfecto mantenimiento del medio ambiente y por tanto para una optima calidad de vida para nosotros.
Sin embargo, hemos de ir mas allá y reivindicar el equilibrio natural de la naturaleza, tan necesario para nosotros y donde los árboles (Cuantos mas, mejor) juegan un papel crucial. Quiero abogar en principio por algo tan esencial como el respeto absoluto por la naturaleza y por la limpieza de nuestro entorno. No solo vivimos en nuestras lindas y calentitas casas, también vivimos fuera, pero fuera… ¿Es un lugar acogedor? Espacios tan básicos, sencillos y donde se respiren esencias mas naturales y sanas que los humos de los coches, de las fabricas, de las maquinas… o los productos de limpieza y las olores de las sustancias o materiales sintéticos. Ese aire limpio y primigenio no nos lo puede negar nadie y tenemos derecho a gritar muy alto por ello
Por eso, luchar para que se vuelvan a cubrir de árboles muchas mas tierras que las que ahora se reforestan, para que se aumente o se duplique el numero de parques, jardines, y bosques, para que se sustituyan todos los árboles caídos, rotos, incendiados… O por que se planten todos los árboles que se puedan plantar, aprovechando hasta el mínimo espacio de tierra, para que no tengamos ningún reparo en pedir, con todo el derecho, ciudades jardin para vivir, en vez de ciudades dormitorio, para pedir mas y mas árboles, para plantar si es necesario un parque, un jardín, en vez de esas tétricas lagunas asfaltadas repletas de cuadriculadas plazas de aparcamiento, me parece un empeño mas que loable, justo.
Comenzemos por exigir, sin demora y con empuje, la no recalificación de las zonas de monte que han sido pasto de las llamas y la imposibilidad de que la madera de los árboles que han ardido en esas áreas devastadas salga de allí. Esa madera quemada, rica en carbono y nitrogeno, es esencial para que se recupere el monte al enriquecer y fertilizar la tierra, llenándola de nutrientes para que la vegetación y la vida se recuperen.

Y por llenar las casas, las calles, las ciudades, de plantas, de arbustos, de árboles. Pensad un poco y hallareis cientos de rincones urbanos en los que se puede dar cuna a nuevas plantas y a nuevos árboles…
Además, el comienzo de inteligentes reforestaciones tras un incendio debe hacerse lo antes posible. Una minima replantación ayuda a que los rayos del sol no calienten en exceso esa tierra y las jóvenes raíces, ramas y hojas comienzen inmediatamente su labor. Se alimentan rapidamente de la tierra y a la vez la protegen de las inclemencias del clima, la sujetan para que la violencia de los vientos o de las aguas no se la lleven, la hacen mas fertil al abonarla con las viejas partes del árbol que este ya no necesita.
Y seria buena idea, la de no parar de dar la brasa al ayuntamiento de turno, pidiéndole mas árboles, mas parques, mas jardines, mas zonas verdes… Ya sabe, señor alcalde, piense en verde. Por muchos árboles que haya nunca sobraran, creedme. Siempre son inofensivos y benéficos compañeros y si el alcalde de turno dice que pueden provocar accidentes al caer a causa del viento, respondedle que hay soluciones a eso. Son muchos los árboles fuertes y flexibles que resisten todos los malos vientos.
Demos a los perros de cuatro patas más árboles para que marquen sus territorios caninos, mas plantas para que entierren bajo ellas huesos, pelotas, mandos a distancia… Pero no demos a los perros pirómanos de dos patas la oportunidad de quemar o talar bosques para su retorcido provecho ni permitamos que dañen a nuestro pequeño mundo sus oscuros, egoistas y retorcidos intereses... Y asi, sin que nada ni nadie perturbe nuestro tiempo ni el transcurso de nuestros sentidos veremos, con los ojos abiertos de esplendor el verde mar de vida donde la luz natural lo invade todo y ensancha nuestras mentes, porque no hay nada mas importante que nuestra tierra, sana y fuerte, para que sobre ella crezca el futuro y los que han de venir.


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